Vivir en armonía (o de cómo quitar la razón a la razón)

Artículo de Mónica González Sáez

 

¿Que es vivir en armonía? ¿Que todo esté en paz en nosotros?, ¿pretender que la mente no nos juegue malas pasadas?, ¿que nuestra vida esté en aparente orden?… ¿O más bien todo lo contrario?

Etimológicamente, la palabra armonía proviene del latín harmonĭa, y este a su vez del griego ἁρμονία, que significa “combinación” o “ajustamiento”. En nuestro caso, ajustar lo que sentimos al pensar, decir, hacer. Que todo cuadre, ajuste y combine en equilibrio.

Seguramente alguien cercano, quizás incluso el más cercano que pueda existir, tu fuero más interno, eso que los yoguis llaman tu maestro interior, te ha recordado alguna vez que seas fiel a lo que sientes, que tu intuición marque tu camino. Quizás sea tan simple y tan complicado como eso.

Estos días recordábamos una frase de Einstein en clase: “La mente intuitiva es un don sagrado, y la mente racional es un fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra al sirviente y ha olvidado el don”.  El científico ya nos recordaba que sin nuestra parte más humana, sin nuestra inteligencia intuitiva, la ciencia estaba coja.

Vivir en armonía

Vivir en armonía

En lo personal, y quizás alguno/a os identifiquéis en mis palabras, el yoga, entre otras cosas, me ha enseñado a reconocer esa naturaleza intuitiva intrínseca al ser que tanto hemos olvidado:  cuando el cuerpo re-aprende, cuando reconoce naturalmente sus caminos para “bailar” solo hacia una ásana, algo más profundo se abre en nosotros a ese “dejar que algo más allá de la mente te lleve de la mano”.  Encontramos otras posibilidades, otras vías para responder ante la vida, que van mucho más allá de dar la razón a la razón.

Cuando te das la posibilidad de reconocer esas posibilidades, y las escuchas, atiendes y respondes, aunque armes mucho ruido para ello a golpe de catarsis, el resultado suele ser la paz natural y la armonía en ti. Ya todo está en su sitio. Y entonces…  ¡ay entonces, amigo,  entonces ya no querrás otra cosa!

Vivir en la coherencia, siendo honesto, honesto pero de verdad, desde y en lo más profundo de nuestro ser. Escucharnos sin oídos, vernos sin ojos, sentirnos sin tocarnos.

Y puede que no, pero también puede que sí, que ésta sea la clave para vivir en armonía, y que ni el cuerpo ni el corazón enfermen, y sentir que podrías desaparecer mañana mismo de este mundo y todo estaría bien. Tan simple y tan complicado como eso.